Es una verguenza tardarse casi un mes en escribir algo... en fin.
II Parte
Un día después. Una mañana después de Bon Jovi y tras 4 horas de sueño y la mitad de la capital recorrida en el – debo aceptar, no tan malo Transantiago - llego a SZOT. Llegamos a SZOT en realidad. La meca (local) – me atrevo a decir - de cualquier mortal que hoy por hoy ame la cerveza.
Y ante todo debo admitir que Charlie y la fábrica de chocolates quedan pequeños. Uno se hace pequeño quizás ante la posibilidad de nadar en estanques de fermentación y tomar una siesta sobre sacos de cebada malteada. No se si a la dulce edad de 10 años hubiese sido tan feliz visitando una chocolatería como lo fui aquella mañana visitando una cervecería.
II Parte
Un día después. Una mañana después de Bon Jovi y tras 4 horas de sueño y la mitad de la capital recorrida en el – debo aceptar, no tan malo Transantiago - llego a SZOT. Llegamos a SZOT en realidad. La meca (local) – me atrevo a decir - de cualquier mortal que hoy por hoy ame la cerveza.
Y ante todo debo admitir que Charlie y la fábrica de chocolates quedan pequeños. Uno se hace pequeño quizás ante la posibilidad de nadar en estanques de fermentación y tomar una siesta sobre sacos de cebada malteada. No se si a la dulce edad de 10 años hubiese sido tan feliz visitando una chocolatería como lo fui aquella mañana visitando una cervecería.
Es extraño lo que sucede; entre cajas, malta, pellets de lúpulo y botellas la sensación es que al final de cuentas es todo súper simple, natural (sin fuegos de artificio ni recetas secretas guardadas en bóvedas sin clave ni nada similar), simple, pero a la vez… pasmoso y embriagante (literal y no literalmente). Un pequeño galpón perdido en una zona semi-rural de Santiago, una línea de producción y de pronto y tras unas cuantos estanques y cajas aparece, ya embotellada (no embotellaban ese día) la cerveza; la magia.
Es decir – y he aquí lo extraño del asunto - incluso sabiendo que puedes comprar todo ese equipo y todos esos insumos y detalles, sabes de antemano – de partida al menos… con el tiempo quien sabe – que no lograrás lo que surge una vez que abres una de esas botellas.
Cervar es una cosa, hacer magia otra muy distinta.
Es decir – y he aquí lo extraño del asunto - incluso sabiendo que puedes comprar todo ese equipo y todos esos insumos y detalles, sabes de antemano – de partida al menos… con el tiempo quien sabe – que no lograrás lo que surge una vez que abres una de esas botellas.
Cervar es una cosa, hacer magia otra muy distinta.
Lo de Kevin Szot por otra parte fue alegórico, parte del realismo mágico que uno tanto odia, peor aún, interpretado por un gringo sin aires de divo aún teniendo a la vista la maravillosa obra que realiza no se arruga en bajar los humos y sentenciar;- A final de cuentas, a final del mes cuando haces el balance, tienes que considerarlo un trabajo – Sentenció.
Y claro, tiene toda la razón; hay cuentas que pagar, clientes que dejar conformes, empleados y liquidaciones de sueldo que mantener. Nada que alegar excepto que este Kevin no es Willy Wonka y se mantiene aterrizado. Una mentalidad muy gringa además, de ser chileno seguro le habría dado gracias a la vida que le ha dado tanto y algún mentor imaginario imposible de olvidar por los logros obtenidos.
Paseo, muestra, historia, souvenirs (un par de etiquetas nada más) y a la degustación.
8 variedades que así como parecen no acabar a la vez parecen hacerse pocas. Sugiero cervar una versión weizen, Szot propone sacar un par de las 8 que tiene porque – asegura – no dar abasto con el stock que tiene, quizás necesite un inversionista como quizás no. Quizás es mejor quedarse sin stock que arriesgarse a perder la calidad. Como sea, cualquiera se quisiera ese problema, pero aún para eso Szot es terrenal, aterrizado.
Tras las 8 de SZOT (Pilsner; Pale Ale; Amber Ale; Rubia al Vapor; Stout; Stout Fuerte; Strong Ale y Barley Wine) incluyendo 2 en las que me declaraba “virgen” aparecen una DOGFISH HEAD Palo Santo Marron por parte de Sam Calagione y un OLD INVENTORY Barley Wine cortesía de Valley Brewering Company. Notable. La cereza del postre.
Despedidas, fotos, recomendaciones – ya medianamente “talco” – compras, cajitas, cajas, caminata de regreso para, al final, terminar el paseo con un buen almuezo semi-campestre en la “picada” del sector. Chuletas y no me acuerdo que más. Luego una espera interminable al costado del camino en espera del retorno a Santiago, al final, daba lo mismo, había SZOT con que brindar.

0 comentarios:
Publicar un comentario