Como regalo de cumpleaños – retrasado y por sobretodo inesperado a esta altura – llegó hace unos días a mis manos La Guía de la cerveza en Chile 2009 de Mr. Pascual Ibañez, conocido y reconocido sommelier hispano-nacional que en el último par de años, (con un notable ojo para los negocios) se decidió a editar y publicar la guía que supuestamente debiese servir - precisamente - para guiar el consumo cervecero nacional a modo de cuaderno de apuntes de aquello que puede ofrecer - y ofrece- el mercado chilensis en cuanto a producción cervecera industrial, artesanal o importada.

Tras un rato sin darle mucha atención (son las 3 de la tarde y estoy medianamente seguro, que si bien nada de lo que lea será mucha novedad), decido sacarlo de su empaque-de-libro-nuevo y darle una hojeada, mirar lo justo y necesario, revisar aquellas cervezas que se encumbran como mis preferidas, más allá del precio y la nota, quizás y a partir de ese simple ejercicio decidirme a refrescar un par de elementos y ponerme a disfrutar en orden ascendente de evaluación.
En cuanto al libro, en si aparece muy bien presentado; tanto para iniciados, principiantes, novatos, copiones (aquellos inspirados por la moda), versados y no tan versados en el arte cervecero (podría aparecer una trivia adjunta para definir en que estado del arte uno se encuentra). Fotos muy bien logradas, imágenes que dividen y “entretienen” entre sección y sección. Casi como haciéndole un guiño al arte fotográfico en relación a buenas y malas cervezas. Introducción, una pequeña reseña histórica y por sobretodo – y dado el morbo que genera un libro como este – críticas (o catas) individuales antecedidas de un ranking cuidadosamente desglosado y dividido visualmente para que no parezca una tabla interminable con valores insulsos sino efectivamente una guía que permita, de algún modo u otro e independiente de el estar o no de acuerdo, “guiarte” hacía nuevas, viejas y comprobadas cervezas del mercado nacional. Hecho con el que, creo, cumple su rol de manera bastante exitosa.
Repito, creo.
Además cabe destacar que la presentación es en un formato-tamaño-como-se-le-llame precisamente del tipo “guía”, que no solo es tentador para llevarlo bajo el brazo, sino incluso para rayarlo a gusto, tachando aquellas probadas, dando notas propias y haciendo, de alguna forma, más tuyo el librito. (lo que además trasfiere a la categorización de libro-ni-siquiera-remotamente-prestable). Y aunque el lenguaje prosaico poético no alcanza los ribetes metafísicos de Bourdain cuando se refiere a una buena cerveza, logra adornar en demasía características derechamente imperceptibles, dándole un toque romanticón a una que otra descripción, que de otra forma se perderían en adjetivos como “fome”, “mala” ó “aburrida” y la incluso peor “deja una caña terrible”.
En cuanto al libro, en si aparece muy bien presentado; tanto para iniciados, principiantes, novatos, copiones (aquellos inspirados por la moda), versados y no tan versados en el arte cervecero (podría aparecer una trivia adjunta para definir en que estado del arte uno se encuentra). Fotos muy bien logradas, imágenes que dividen y “entretienen” entre sección y sección. Casi como haciéndole un guiño al arte fotográfico en relación a buenas y malas cervezas. Introducción, una pequeña reseña histórica y por sobretodo – y dado el morbo que genera un libro como este – críticas (o catas) individuales antecedidas de un ranking cuidadosamente desglosado y dividido visualmente para que no parezca una tabla interminable con valores insulsos sino efectivamente una guía que permita, de algún modo u otro e independiente de el estar o no de acuerdo, “guiarte” hacía nuevas, viejas y comprobadas cervezas del mercado nacional. Hecho con el que, creo, cumple su rol de manera bastante exitosa.
Repito, creo.
Además cabe destacar que la presentación es en un formato-tamaño-como-se-le-llame precisamente del tipo “guía”, que no solo es tentador para llevarlo bajo el brazo, sino incluso para rayarlo a gusto, tachando aquellas probadas, dando notas propias y haciendo, de alguna forma, más tuyo el librito. (lo que además trasfiere a la categorización de libro-ni-siquiera-remotamente-prestable). Y aunque el lenguaje prosaico poético no alcanza los ribetes metafísicos de Bourdain cuando se refiere a una buena cerveza, logra adornar en demasía características derechamente imperceptibles, dándole un toque romanticón a una que otra descripción, que de otra forma se perderían en adjetivos como “fome”, “mala” ó “aburrida” y la incluso peor “deja una caña terrible”.

Más allá del formato-presentación y de detalles medianamente snobs, creo que lo de las notas – y en parte el ranking – pasan a ser ya el punto más farandulero del libro, una fracción que más que “guía” seguro servirá de punto de discusión y es que – quizás – es, en este punto donde se puede encontrar el punto débil-fuerte-débil del libro; notas altamente poco convincentes, notas altamente criticables, catas (aroma, suavidad-dulzor, cuerpo, amargor) irreconocibles y la leve sensación de inseguridad ante una que otra aparición; todo quizás producto de que las variables están en valorización cuantificativa y no calificativa, así, una cerveza con gran “sabor” puede obtener un “5” en esa categoría, independiente si el sabor en si es bueno o derechamente repudiable. El efecto sobre el promedio y la nota final es claro.
Imposible, además, dejar de lado el temor asociativo – sobretodo después de ver Beer Wars (no recuerdo de quien fue la recomendación, pero se la agradezco) – sobre la posible influencia establecida por las grandes empresas en la edición de este libro (mal que mal viene plagado de publicidad, tanto industrial como artesanal). Temores tontos me podrá refutar alguien que conozca a Mr. Ibañez, pero vaya yo a saber si no tengo mucha idea de quien es, sumado a que uno tiende a creer que aquellos que pertenecen al mainstream optarán por beneficiar a los suyos, de otra forma – fuera de la forma de evaluar - no se explican mucho los elogios para Báltica, Cristal y Brahma en sus diversas variedades. Es decir, yo, derechamente las habría “alejado” cuantitativamente, algo más de aquellas que aparecieron catalogadas como cervezas bien logradas, es decir, entre un 3 y un 3,5 no parece haber mucha diferencia, aún cuando entre una Báltica en lata y una Tübinger Pale Ale pareciera haber más que simplemente 0,5 de distancia. Es más, asumo el riesgo de decir que efectivamente si hay más de 0,5 de distancia.
En fin, detalles de melómano. Entiendo que es la típica estandarización para evaluar cervezas del 1 al 5.
Durante el finde se lo dejo hojear a un par de amigos, quienes se quedan pegados un rato viendo las notas de aquellas que han probado y por sobretodo las que todos, absolutamente todos hemos probado
- Wn… ni la Dorada ni la Báltica pueden tener un 3 – se convierte en el comentario de rigor
- ¿Aromas florales en la Carta Blanca?... aroma a Glade será...
Entretención garantizada.
Imposible, además, dejar de lado el temor asociativo – sobretodo después de ver Beer Wars (no recuerdo de quien fue la recomendación, pero se la agradezco) – sobre la posible influencia establecida por las grandes empresas en la edición de este libro (mal que mal viene plagado de publicidad, tanto industrial como artesanal). Temores tontos me podrá refutar alguien que conozca a Mr. Ibañez, pero vaya yo a saber si no tengo mucha idea de quien es, sumado a que uno tiende a creer que aquellos que pertenecen al mainstream optarán por beneficiar a los suyos, de otra forma – fuera de la forma de evaluar - no se explican mucho los elogios para Báltica, Cristal y Brahma en sus diversas variedades. Es decir, yo, derechamente las habría “alejado” cuantitativamente, algo más de aquellas que aparecieron catalogadas como cervezas bien logradas, es decir, entre un 3 y un 3,5 no parece haber mucha diferencia, aún cuando entre una Báltica en lata y una Tübinger Pale Ale pareciera haber más que simplemente 0,5 de distancia. Es más, asumo el riesgo de decir que efectivamente si hay más de 0,5 de distancia.
En fin, detalles de melómano. Entiendo que es la típica estandarización para evaluar cervezas del 1 al 5.
Durante el finde se lo dejo hojear a un par de amigos, quienes se quedan pegados un rato viendo las notas de aquellas que han probado y por sobretodo las que todos, absolutamente todos hemos probado
- Wn… ni la Dorada ni la Báltica pueden tener un 3 – se convierte en el comentario de rigor
- ¿Aromas florales en la Carta Blanca?... aroma a Glade será...
Entretención garantizada.

No tuve la suerte de haber visto la Guía 2008 y a partir de eso se hace difícil hacer comparaciones en cuanto al alcance y la estética del libro aún cuando las valorizaciones si aparecen en respecto al año anterior. De todos modos creo que de a poco, muy lentamente, esta guía – u otra que pudiese aparecer como competencia – pudiese ir convirtiéndose en algo así como el libro más esperado por los cerveceros nacionales, amateurs, artesanos o industriales, (sumado a los simples y mortales consumidores) quizás hasta esperando fuera de una librería (fuera de una taberna sería mejor) el lanzamiento a medianoche cual Harry Potter con el fin de ver que nota y en que puesto a quedado su cerveza preferida (y su cerveza más odiada) este año, y el siguiente, y el siguiente.
En fin; un buen detalle – y recomendación por si milagrosamente el Sr. Ibañez alguna vez lee este comentario – sería que la edición bicentenario (que ni siquiera debiese preguntar si va a aparecer pues parece negocio seguro) se pudiesen sumar entrevistas con los principales cervadores nacionales (si, como ya desde hace un tiempo instauró como práctica Mr. “C”), aun cuando tales instancias pudiesen reflotar la constante duda de cuan objetivas son efectivamente las catas. Y no me refiero a las Catalinas, que estoy seguro deben ser todas muy serias y objetivas.
No me vendría mal una.
Como sea, no se si gran libro, pero al menos muy entretenido. Gran regalo. Gracias.
En fin; un buen detalle – y recomendación por si milagrosamente el Sr. Ibañez alguna vez lee este comentario – sería que la edición bicentenario (que ni siquiera debiese preguntar si va a aparecer pues parece negocio seguro) se pudiesen sumar entrevistas con los principales cervadores nacionales (si, como ya desde hace un tiempo instauró como práctica Mr. “C”), aun cuando tales instancias pudiesen reflotar la constante duda de cuan objetivas son efectivamente las catas. Y no me refiero a las Catalinas, que estoy seguro deben ser todas muy serias y objetivas.
No me vendría mal una.
Como sea, no se si gran libro, pero al menos muy entretenido. Gran regalo. Gracias.




