lunes, octubre 05, 2009

No se si guía, pero entretiene...

Como regalo de cumpleaños – retrasado y por sobretodo inesperado a esta altura – llegó hace unos días a mis manos La Guía de la cerveza en Chile 2009 de Mr. Pascual Ibañez, conocido y reconocido sommelier hispano-nacional que en el último par de años, (con un notable ojo para los negocios) se decidió a editar y publicar la guía que supuestamente debiese servir - precisamente - para guiar el consumo cervecero nacional a modo de cuaderno de apuntes de aquello que puede ofrecer - y ofrece- el mercado chilensis en cuanto a producción cervecera industrial, artesanal o importada.



Tras un rato sin darle mucha atención (son las 3 de la tarde y estoy medianamente seguro, que si bien nada de lo que lea será mucha novedad), decido sacarlo de su empaque-de-libro-nuevo y darle una hojeada, mirar lo justo y necesario, revisar aquellas cervezas que se encumbran como mis preferidas, más allá del precio y la nota, quizás y a partir de ese simple ejercicio decidirme a refrescar un par de elementos y ponerme a disfrutar en orden ascendente de evaluación.

En cuanto al libro, en si aparece muy bien presentado; tanto para iniciados, principiantes, novatos, copiones (aquellos inspirados por la moda), versados y no tan versados en el arte cervecero (podría aparecer una trivia adjunta para definir en que estado del arte uno se encuentra). Fotos muy bien logradas, imágenes que dividen y “entretienen” entre sección y sección. Casi como haciéndole un guiño al arte fotográfico en relación a buenas y malas cervezas. Introducción, una pequeña reseña histórica y por sobretodo – y dado el morbo que genera un libro como este – críticas (o catas) individuales antecedidas de un ranking cuidadosamente desglosado y dividido visualmente para que no parezca una tabla interminable con valores insulsos sino efectivamente una guía que permita, de algún modo u otro e independiente de el estar o no de acuerdo, “guiarte” hacía nuevas, viejas y comprobadas cervezas del mercado nacional. Hecho con el que, creo, cumple su rol de manera bastante exitosa.

Repito, creo.

Además cabe destacar que la presentación es en un formato-tamaño-como-se-le-llame precisamente del tipo “guía”, que no solo es tentador para llevarlo bajo el brazo, sino incluso para rayarlo a gusto, tachando aquellas probadas, dando notas propias y haciendo, de alguna forma, más tuyo el librito. (lo que además trasfiere a la categorización de libro-ni-siquiera-remotamente-prestable). Y aunque el lenguaje prosaico poético no alcanza los ribetes metafísicos de Bourdain cuando se refiere a una buena cerveza, logra adornar en demasía características derechamente imperceptibles, dándole un toque romanticón a una que otra descripción, que de otra forma se perderían en adjetivos como “fome”, “mala” ó “aburrida” y la incluso peor “deja una caña terrible”.




Más allá del formato-presentación y de detalles medianamente snobs, creo que lo de las notas – y en parte el ranking – pasan a ser ya el punto más farandulero del libro, una fracción que más que “guía” seguro servirá de punto de discusión y es que – quizás – es, en este punto donde se puede encontrar el punto débil-fuerte-débil del libro; notas altamente poco convincentes, notas altamente criticables, catas (aroma, suavidad-dulzor, cuerpo, amargor) irreconocibles y la leve sensación de inseguridad ante una que otra aparición; todo quizás producto de que las variables están en valorización cuantificativa y no calificativa, así, una cerveza con gran “sabor” puede obtener un “5” en esa categoría, independiente si el sabor en si es bueno o derechamente repudiable. El efecto sobre el promedio y la nota final es claro.

Imposible, además, dejar de lado el temor asociativo – sobretodo después de ver Beer Wars (no recuerdo de quien fue la recomendación, pero se la agradezco) – sobre la posible influencia establecida por las grandes empresas en la edición de este libro (mal que mal viene plagado de publicidad, tanto industrial como artesanal). Temores tontos me podrá refutar alguien que conozca a Mr. Ibañez, pero vaya yo a saber si no tengo mucha idea de quien es, sumado a que uno tiende a creer que aquellos que pertenecen al mainstream optarán por beneficiar a los suyos, de otra forma – fuera de la forma de evaluar - no se explican mucho los elogios para Báltica, Cristal y Brahma en sus diversas variedades. Es decir, yo, derechamente las habría “alejado” cuantitativamente, algo más de aquellas que aparecieron catalogadas como cervezas bien logradas, es decir, entre un 3 y un 3,5 no parece haber mucha diferencia, aún cuando entre una Báltica en lata y una Tübinger Pale Ale pareciera haber más que simplemente 0,5 de distancia. Es más, asumo el riesgo de decir que efectivamente si hay más de 0,5 de distancia.

En fin, detalles de melómano. Entiendo que es la típica estandarización para evaluar cervezas del 1 al 5.

Durante el finde se lo dejo hojear a un par de amigos, quienes se quedan pegados un rato viendo las notas de aquellas que han probado y por sobretodo las que todos, absolutamente todos hemos probado

- Wn… ni la Dorada ni la Báltica pueden tener un 3 – se convierte en el comentario de rigor
- ¿Aromas florales en la Carta Blanca?... aroma a Glade será...

Entretención garantizada.



No tuve la suerte de haber visto la Guía 2008 y a partir de eso se hace difícil hacer comparaciones en cuanto al alcance y la estética del libro aún cuando las valorizaciones si aparecen en respecto al año anterior. De todos modos creo que de a poco, muy lentamente, esta guía – u otra que pudiese aparecer como competencia – pudiese ir convirtiéndose en algo así como el libro más esperado por los cerveceros nacionales, amateurs, artesanos o industriales, (sumado a los simples y mortales consumidores) quizás hasta esperando fuera de una librería (fuera de una taberna sería mejor) el lanzamiento a medianoche cual Harry Potter con el fin de ver que nota y en que puesto a quedado su cerveza preferida (y su cerveza más odiada) este año, y el siguiente, y el siguiente.

En fin; un buen detalle – y recomendación por si milagrosamente el Sr. Ibañez alguna vez lee este comentario – sería que la edición bicentenario (que ni siquiera debiese preguntar si va a aparecer pues parece negocio seguro) se pudiesen sumar entrevistas con los principales cervadores nacionales (si, como ya desde hace un tiempo instauró como práctica Mr. “C”), aun cuando tales instancias pudiesen reflotar la constante duda de cuan objetivas son efectivamente las catas. Y no me refiero a las Catalinas, que estoy seguro deben ser todas muy serias y objetivas.

No me vendría mal una.

Como sea, no se si gran libro, pero al menos muy entretenido. Gran regalo. Gracias.

sábado, septiembre 26, 2009

Oir igual ó Backspacer ó por-algo-todos-toman-Cristal

Hace un par de semanas, conversando con el bueno de Koko, mientras improvisábamos una ya improvisada jam session (más improvisado imposible, básicamente 2 tipos a guitarra y bajo intentando encontrar los acordes de algunos temas de adolescencia) llegamos a la conclusión – no muy compleja ni muy complicada para cualquiera que se haya juntado alguna vez a tocar (o incluso simplemente escuchar) algo de música con algún amigo – y es que la mayor complicación de ponerse a tocar, “jammear” (de existir tal verbo), “meter bulla”, “hacer ruido”, etc. era el hecho que ambos (o más aún, tres, cuatro, hasta cinco tipos quizás) de algún modo lograsen escuchar la canción que se pretende tocar de la misma forma; algo tan simple como la simplicidad de oír de la misma forma, oír igual.

Tocar pasa a ser un detalle secundario que se puede pulir y trabajar durante las horas libres de la semana e incluso durante largas sesiones de fin de semana donde le das una y otras vez al arpegio, al acorde o al riff que llevas días sin poder tocar como se debe. Ya sea si aún tienes 15 y quieres ser rockstar, ya sea que estás cerca de los 30 y juntarte con tus amigos a hacer versiones privadas de viejos clásicos es en lo que se han convertido tus sábados por la tarde, no parece haber mayor diferencia. Todo pareciese tener arreglo, la problemática, insisto, casi majaderamente a esta altura, está en como oyes la música respecto al resto. Peor aún, como reflejas que la escuchas.



Detalles. ¿Por qué de pronto pareciera importarme? Bueh, aparte de ser, de alguna forma, un descubrimiento bastante simple, pero bastante importante, creo, que a partir de aquella simpleza se pueden entender varias cosas.

De partida es la única justificación que encuentro – aún cuando quiero creer que debiesen haber conceptos objetivos o algo más allá, más complejo y más difícil de entender-explicar – para las criticas que leo para el último disco de Pearl Jam; frases como “la recuperación del aliento perdido” y otras, parecen tan desubicadas y fuera de lugar que me hacen preguntarme si yo estaba-estuve escuchando discos distintos a los del critico de turno durante los últimos veinte años o si simplemente compré los discos equivocados y llevo dos décadas confundiendo a PJ con Erasure, Pet Shop Boys o algo igual o incluso más sintético. Creo que no. ¿No?



A eso se reduce todo. (la verdad no se como terminar esto)

Así, de pronto, sin mediar grandes epifanías, te das cuenta que así como existe aversión a algunas opiniones, existe la comunión con algunos críticos; creo que la critica de Rockaxis a Backspacer fue, quizás, la más acertada, aún así no siendo 100% lo que yo hubiese dicho/escrito. Te das cuenta que algunos si oyen de manera parecida a ti, no 100%, un 80, un 85% quizás, da lo mismo, aquellos, casi en cualidad de amigos virtuales, han odio la misma banda, los mismos discos y las mismas cientos de canciones durante años de años. Ellos saben de que se trata.

En fin, supongo que si hay gente que adora la Cristal, seguro sobran aquellos que odian Back In Black, no saben quien es Pete Townshend, creen que Elvis está muerto o simplemente bueh, simplemente adoran la Cristal.

PD: Si, esto es lo que se llama "tiempo libre"

miércoles, septiembre 16, 2009

29 (2)

No man walks alone from choice.


Humprey Bogart

miércoles, septiembre 02, 2009

29(1)

"I would cling to unhappiness 'cause is a known, familiar state. When I was happier it was because I knew I was on my way to mysery..."


H.L

domingo, agosto 09, 2009

Mc/H

En su última edición, La Ronda (extrañamente no aparece en Wikipedia); espacio del cual si bien no soy participe, sigo mes a mes, determinó el nada purista (para algunos) ejercicio de encontrar las mejores combinaciones con cerveza. Pasó el mes, llegaron las respuestas, los post y el resumen de quien invitó. Y sin embargo la ilustre Malta con Huevo no aparecía por ningún lado. De pronto noté que había que hacerle un post reivindicatorio, y acuerdos más, acuerdos menos, aquí va.

¿Qué mejor que un sábado al mediodía para una Malta con huevo?

(Desperté algo resacoso así que la dejé para la tarde)

Claro, esta sería una versión algo más “gourmet” asi que dejo de lado la botella de litro de Malta Morenita (fuera de hueveo, un gran nombre para una cerveza negra) e intento decidir con que comenzaré; el stock local de Szot Stout, la primera en preferencias, se encuentra en cero (llamado de emergencia a Santiago solicitando refuerzos) así que la elección primaria para la versión enchulada 2009, como la llamé por ahí, tendría que cambiar. En la despensa hay un par de Unibroue Trois Pistoles, pero el alma pseudo purista se me llena de contradicciones cuando pienso en mezclarla, además lo alto en alcohol no se si pegue bien en relación cantidad/calidad, peor aún, cuando recuerdo que no tengo otras al alcance de la mano asi que simplemente la bajo de las opciones (entiéndase que son parte del listado de “encargos” que hago cada vez que alguien viaja más allá de un par de miles de kilómetros hacia la civilización capitalina… no hay Jumbo acá y en el Líder no llega) una Tubinger Brown Ale me tienta, una Kross Sotut no suena mal tampoco. Finalmente y después de un par de dolores de cabeza – esta vez, más que por conseguir una, por la intención de que la mezcla quede digna de ser exportada – me decido por una humilde Malta Cusqueña (Si, confirmado, hay otro país que también llama “malta” a la cerveza negra) que debe ser probablemente la mejor para la combinación (mayor y mejor cuerpo, dulzor y menor amargor de contraste... nada parecida a su hermana versión rubia).



En realidad me imagino que la cerveza elegida puede ir variando según los gustos, seguro las negras le van mejor, no solo por aromas y sabores sino porque en si cuesta imaginarse una malta con huevo rubia, luego dependerá de lo “purista” que uno sea, el stock que tengas en la despensa o el refrigerador y lo mucho o poco que te guste mezclar una con huevo y leche. No me extrañaría que quedase bien con cualquier Honig Ale (sin agregarle azúcar claro está). Otra buena idea es la combinación maliciosa que pudiese incluir una Szot Stout Fuerte u algo similar de alto ABV. A final de cuentas todo bien adornado y servido con algún otro nombre puede servir de elixir de galanes con pocas condiciones.

La mixtura es la misma que por año ha embadurnado desayunos, almuerzos y horas de once en todo Chile (la prosa de Fuguet me supera en esta parte, a el le queda mejor la descripción romántica de la bebida) así que intentaré mantener la prosa al mínimo y centrarme en los efectos cerveceros de la mezcla.

La ciencia (según yo...) no es mucha y hasta me atrevería a decir que cualquier chileno que se precie de tal debe saber instintivamente como va la malta con huevo, el resto, las medidas y mejoras van de la mano de la experiencia, de la prueba, el famoso ensayo-error. Ahora, por si esto lo lee alguien de afuera, va más menos una cerveza negra a elección (330c.c.) por un huevo y leche condensada (o azucar) a gusto.



Así que saco la “elegida”, la dejo unos minutos fuera del refrigerador y me pongo a armar la juguera, los huevos y el tarro de condensada recién abierto. A probar la juguera (no hay juguera que no fallé alguna vez), echar el huevo (yema y clara, porsiacaso) y dejarlo revolverse un par de segundos para luego vaciar la Cusqueña negra. Ya con algo de sed y hambre en el cuerpo le agrego algo de leche (ni preguntar de medidas, cucharadas, cucharaditas o similares, todo al “ojo”, básicamente asociado a cuan “dulce” y “pesada” la quieres... yo opto por dos cucharadas soperas en todo caso). Fin de la mezcla, a servir y decorar-sazonar con algo de nuez moscada en polvo y quizás hasta una hojita de menta; Tarán!!!



Salud!

PD:
En Perú la pueden pedir como una “malteada”, queda bastante buena, las diferencias; leche evaporada para la consistencia y miel de algarrobina para el dulzor (aquí el efecto se reemplaza, fácilmente, con la leche condensada)

PD: Averiguando, vía internerd, en un par de sitios se presenta un trago llamado “Ale Flip”, que en su versión fría es, fundamentalmente, la mezcla (en coctelera, no licuadora) de una Ale con huevo (dista algo de la versión “caliente”, algo más conocida al parecer, que incluye prender la cocina y usar una olla pequeña, demasiado para mi)

PD: Fuguet hace poco más de dos años escribió al respecto, la llenó de loas y aprovechó de promocionar la película de la cual por ese entonces era productor, el post trae además unos datos de un par de boliches en Santiago donde sirven una buena Malta con huevo.

miércoles, julio 15, 2009

Acetaldehído...

Abro los ojos. Frente a mi, lentamente aparece una pared algo blanca, gris quizás; mitad estuco mitad cerámicas blancas mal puestas. Noto que estoy meando aunque no tengo claro ni el como ni el donde. Bajo la mirada y veo que al menos todo sucede donde supuestamente debe suceder. Intento sacarme una especie de sopor-pelotudez que se me hace falso, extraño, fingido. No estoy ebrio, pero todo parece confuso, como salido de una película de David Fincher. Nadie me acompaña y el baño parece abandonado aún cuando siento un par de voces lejos, afuera o arriba, abajo quizás. No se. Supongo que estoy en un bar y no en una casa a-menos-que-de-un-tiempo-a-esta-parte-las-casas-hayan-acuñado-la-tradición-de-hacer-meaderos-y-dividir-una-pared-de-dos-o-tres-metros-entre-pintura-y-cerámica-para-que-desconocidos-meen.

Reseteo. Reabro los ojos. Termino de mear. Quizás estoy en Valpo. Seguro estoy en Valpo aunque no recuerdo haber viajado. El baño huele a Valpo al menos. Todos los baños huelen a Valpo en realidad. Valpo huele a baño pienso. Dejo eso, afuera suenan Los Tres. El sonido se agolpa y se apaña dentro del baño, la sensación es extraña, no es un concierto o una tocata, el baño no es químico y el sonido no es tan fuerte. Odio a Los Tres aún cuando por un momento llego a disfrutar que sean ellos los que suenen de fondo y no una banda a la que nunca he oido-odiado antes. Ojala no esté en Concepción o algún pueblo igual de decadente. Tocan, suenan, desafinan, acoplan. No llevo tickets de entrada en mis bolsillos; gracias a Dios y por mucho que los odie no son Los Tres.

Intento componerme. La puerta se encuentra cerca, me asomo, salgo aunque me da algo de miedo. El bar (local-pub-disco-a-esa-altura-ni-idea) es medianamente amplio, me sigue recordando a Valparaíso, claro que saliendo del baño el olor cambia y siento que algo falta. Un par de vigas sostienen todo el lugar, estoy casi seguro que estamos en un primer piso aun cuando no hay ventanas ni nada que deje entrar nada extraño. Avanzo un par de pasos, reviso el techo y reviso el paisaje, gente entre los indescifrables 20 y 40 años, un par de mesas apiladas con jarras de cerveza mezcladas con una mesa de pool pobremente iluminada reodeada de sillones hechos hace ya mucho tiempo. Al final una barra que se extiende por un par de metros cerca de la puerta. Puerta, más no la calle, mucho menos la salida.

El bar me recuerda al de True Blood, claro que sin vampiros ni gringos pueblerinos, una especie de Taberna de Moe sin gente amarilla. De fondo siguen sonando Los Tres-que-no-son-Los-Tres. Miro, observo, analizo ya a esta altura, sigo sin saber donde estoy (más allá que dos pasos fuera de la puerta del baño de un bar cualquiera) Con la mirada busco mi asiento; si estoy en un bar debo haber estado sentado en alguna parte a menos que haya entrado – o me hayan dejado – derechamente en el baño. No me siento tan borracho, siquiera un poco. Intento pensar, me cuesta, no se donde estoy y eso parece complicarme más de lo necesario. “Aprovecha de conocer gente” me hubiese aconsejado la Nata. Odio conocer gente. No veo puestos vacíos, no veo conocidos, no veo mesas con alguien girando para recordarme que estoy sentado con ellos.

Reviso, me reviso; camisa, vestón, jeans y zapatillas, ni formal ni de concierto. Ni idea; no llevo cigarros ni encendedor, lo deje hace un mes y algo, cargo un par de billetes en el bolsillo, conocidos, verdes, rojos, azules y más verdes. Al menos sigo en Chile. Seguro no da para un hotel, pero si para tomar hasta que cierren el bar, aunque claro, ni siquiera se que día es y de cerrar cerca de las 3 de la madrugada seguro tendré que arreglármelas de otra forma.

Me acerco hasta la barra, me saludan, respondo con la cabeza, por ahora prefiero pasar por mentiroso que por tonto, o ebrio. Nadie se me acerca a ofrecerme cervezas con lo que la opción Carlos Pinto-Cámara Indiscreta queda descartada. Pienso en pedir algo, pero ni siquiera he visto la carta y no logré echar un vistazo a las vitrinas del fondo donde supuestamente deben haber cervezas. De pronto me tratan como si llevase aquí un tiempo, me llega algo de maní; me invade el pánico pensando en que quizás termine pagando una cuenta ajena preexistente demasiado extensa como para que alcance siquiera con empeñar el reloj, el celular y el pobre vestón gris que tanto esfuerzo hice por conseguir con tal de parecerme a House. Levanto la mano apoyada, pido una cerveza, probablemente la opción más barata de entrada.

- ¿Otra? – me caga el tipo tras la barra. ¿Otra? ¿Cuántas me he tomado? ¿Con quien? Miro de reojo, guiño una ceja y hasta se podría decir que sonrío. No obtengo nada.
- Seguro, supongo, otra.

El tipo me acerca una Rubia Al Vapor, “otra” en rigor. Al menos eso confirma que estaba tomando aquí y no aparecí por generación espontánea dentro del baño. Adoro esa cerveza, pero seguro ahora la recordaré como el “LA” cerveza que me llevo a no saber donde mierda estoy sentado. Al menos de fondo no suena Daddy Yankee y con eso por ahora basta.

La cerveza sabe bien, natural, asimilada previamente. Confirmado que tomé una hace poco y seguro fue aquí. Al menos el tipo tras la barra no es parte del complot y tras rehacer la supuesta amistad quizás hasta puedo soltar el vergonzoso “¿Qué hago aquí?+¿Quién me trajo?+¿Con quien vine?”+”¿Tiene usted puta idea de donde estoy” (siempre es bueno usar lo de “usted" cuando uno anda de vago y perdido por la vida) Doy otra mirada. La barra debe tener unos 5 o 6 metros, no se alcanza a extender por todo el bar ni mucho menos, pero da para algo más que solo para la barra. Al fondo logro divisar un par de refrigeradores con cervezas, cerca mío un dispensador de Schop, al fondo, una pared llena de tragos en un anaquel de madera gris, algo añeja; Stoly, Finlandia, Smirnoff y Absolut. No hay Kristall. El detalle en nada me ayuda.

Cierro los ojos, bebo un trago largo, el vodka del anaquel me habla, le guiño el ojo en gesto de que si resuelvo luego el “donde” y el “porque” quizás me tome uno antes de resolver el “cuando”, el “quien” y todos los otros resquicios verbales me puedan perseguir. La banda termina su set de Los Tres camuflando un tema de Soda, quizás de Ceratti. No se bien la diferencia aunque se que hay una. Ninguno suena mejor que el original. Nadie parece notarlo. De fondo comienza a sonar Buckcherry, 10 minutos después ya cuento con el placer de cabecear un par de temas de AC/DC y FNM.

Me termino la cerveza en señal de algo de confianza. Me paro, giro, voy al baño. Regreso más bien. Trato de no pestañear. La última vez abrí los ojos en un baño. Desperté en este.

Regreso, intento seguir los detalles, intento descifrar las luces y el par de garzonas que adornan el bar antes de intentar salir. Intento convertirme en la versión local de Jason Bourne, pero las señales no llegan, no tengo idea cuanta gente hay en el bar, si hay cámaras o no, si alguien lleva arma o si siquiera sabré defenderme si alguien intenta sacarme el copón de cerveza. Claramente hay que ser Jason Bourne para creerse Jason Bourne. Miro la salida, temo, quito la mirada y me afirmo en el taburete. Pienso. Si no conozco el bar seguro no conozco la ciudad e incluso quizás ni siquiera pueda lograr entrar de nuevo, peor aún, ni siquiera pueda quizás volver a conseguir cerveza, la cerveza se supone te ayuda a recordar; recuerdo a la Cata, recuerdo a Mune, recuerdo a mis amigos, pero ninguno de ellos está por aquí. Sigo sin atreverme a salir. No hay mejor lugar que un bar donde no sientes frío y tienes toneles de cerveza a la mano. Bueh, litros al menos.

Me afirmo, me despreocupo por el ya famoso “donde”, el cual simplemente deja de importarme, mal que mal el “donde” es afuera y yo estoy adentro, de alguna forma llegué aquí y con eso basta, la decisión de salir, ahora que la banda de fondo es otra y comienza el set con Even-Flow parece infundada.

Decido quedarme, despreocuparme, gastar lo que me queda en los bolsillos y esperar a que la buena volunta o me regrese la memoria o haga de mi un buen miserable a quien alguien se decida a ayudar. Pido una negra, a esta altura no importa mucho el tipo, menos la marca, seguro el barman a-quien-no-recuerdo-haber-visto-en-mi-vida-pero-seguro-conoce-de-sobra-mis-gustos traerá la que corresponde. El tipo de la barra mira y sonríe, se aleja y me trae una en un rato, sin apuro y sin paja; no duda ni reformula la petición, no confunde la cerveza ni me mira extrañado por pedirle una “negra”, tampoco lo hizo cuando pedí la “rubia”. Las cosas de pronto parecen salir algo mejor de lo estrictamente necesario y de pronto la alegría conseguida comienza a convertirse en decepción. De alguna forma u otra me doy cuenta que seguramente estoy en un sueño y que no hay forma que este bar exista aún cuando muchos como este habitan por ahí. Hasta en sueños me persigue no tener un buen bar a mano pienso. Ojala sean las 2 o 3 y aún me queden varias horas de sueño con tal de poder seguir emborrachándome a punta de la cerveza que se me antoje y algo de rock de fondo, apoyado en una barra, sentado sobre un taburete y con una mesa de pool levemente iluminada al final de la sala.

¿Qué mejor?




Escrito a partir de un blog-post “amigo”. Todos los créditos para las cervezas de la noche que me senté al laptop.

martes, junio 30, 2009

San Juan...

Sumido en el invierno, la pena excesiva, el eterno resplandor de los recuerdos que mantiene mi mente, un par de series que retornan a terminar sus temporadas (seguir más de tres por trimestre es el primer paso hacía el precipicio o el extra ocio televisivo), un par de libros, cine digital, algo de trabajo y sobretodo carencia de ideas, es que la noche de San Juan 2009 no llegó sino hasta la tarde previa, lo que en realidad es de por si, poco tiempo para preparar papas, conjuros y fogatas.


Es la noche más larga del año (creo… ¿no?), hace algo de frío y si no me equivoco comienza el invierno. Las costumbres abundan, por años dejé papas bajo la cama, nunca sacaba la que no estaba pelada, así que la predicción de suerte o era mediocre o derechamente mala. Lo de la vela en el espejo lo hice una vez, pero no funcionó, o no lo supe hacer, no se bien. La de las cruces en los árboles frutales de hecho dio resultado, solo que no pude repetirla porque al año siguiente el árbol de la abundancia (mi granado querido) murió en extrañas circunstancias. Bueh, quizás no tan extrañas, pero no deja de ser peculiar. No tengo palto para azotar así que tampoco puedo extenderme en tradiciones del tipo agrícola y aún cuando hace un par de meses planté una higuera, allá lejos en el patio, he decidido que le daré un par de años antes de sentarme bajo ella junto a mi guitarra a esperar que florezca.



En todo caso, ¿Es normal que una higuera alcance el metro y medio en 4 meses? ¿Será señal de que es de “aquellas” higueras? Aún así, prefiero apegarme a lo anterior y ni siquiera salir a mirarla con tal de no arruinarla.

Así, con tal panorama decido no hacer nada para este San Juan, ni siquiera emborracharme o salir a medianoche a mirar la luna como si en ella se encontrasen todas las respuestas. No se bien que haga el próximo, quizás tan solo deba dormirme antes de tiempo y así evitar la mala suerte de la papa sin cáscara o de cualquier otro trato que me pudiese ofrecer el cola de flecha, aunque la posibilidad de cambiar mi alma por un Estadio Nacional para AC/DC no suena como tan mala idea. Un poco de inspiración para escribir de cuando en cuando tampoco.

PD: Quizás debí salir, aceptar el trato y así la Unión no nos eliminaba otra vez.