Hace un tiempo que no escribo nada medianamente personal. ¿Porque publicarlo entonces? Básicamente porque tiene mucho de ficción.
Lo que más recuerdo de Buenos Aires, más allá de la Bombonera y un par de cosas que no se pueden contar (y que en realidad son las que más recuerdo), son las cervezas que me tomé en el bar irlandés que quedaba a la vuelta del hotel. Lo que me quedó de Brasil es que extrañamente pareciera no haber casas habitadas y todo el mundo no sólo se veía tranquilo, feliz, enteramente dedicado a ofrecer turismo – si es que llegase a existir tal concepto – sino relajado a más no poder. Las hamburguesas, el cebú cortado con espadas y por supuesto aquel programa imitación Sábado Gigantes que pasaban por las tardes en aquellos televisores gigantes que adornaban cada tienda o restaurante donde uno pasaba. De Asunción, la lluvia con 30 o más grados de calor y el haberse encontrado con – en aquel tiempo seleccionado - Richard Baez en el aeropuerto. De Uruguay, el no haber tomado el ferry en BBAA y habérmelo perdido por completo. De Tacna, como a todos me imagino, me quedan los precios y las compras. De Santiago lo asqueroso que es en cualquier época del año y de Valparaíso la forma en que me cambió la vida durante un par de años.
Son extrañas las cosas que uno recuerda de cada lugar. Se supone que tanta foto tras paisajes, monumentos y catedrales debiesen servir de algo. Sin embargo uno termina recordando aquello que no se puede fotografiar.

En fin.
Ya sin pasaporte y tras un rato ya estancado en la ciudad me decido a salir. Tras una largo monologo nocturno me decido a destinar el dinero a tener un buen mes de vacaciones en desmedro de una semana en Santiago Metallica incluido.
Un par de semanas después sigo en Arica. No me he movido a excepción del wiken playero. Las tardes de pseudo ocio se diluyen con algo de música. All nightmare long es un temazo concluyo. No es novedad ni el descubrimiento del año, solo una acotación. 8 minutos de Metallica. Increíble, pero no agota (ni siquiera en Guitar Hero versión ps3) Pelea el puesto de tema-más-repetidamente-escuchado-durante-el-mes con Creeping Death. Regreso al monologo insensato de semanas atrás. Las decisiones nunca son correctas, solo son decisiones. Uno puede pensar todo el tiempo que sea necesario hasta que llega el momento de actuar. No me arrepiento de no haber ido. No me duele, no mucho al menos. Hace rato sabía que no iba, desde que se cayó lo de Lima. ¿En que país sino en Perú se agotan las entradas a 3 días de ponerse en venta-sin-sistema-de-venta-por-Internet? Claro, la reventa es legal (permitida al menos, no se si legal) y las entradas volaron. Y con ello la idea de cuadrar viaje y banda en un pack inolvidable.

Supongo que conformarse con el recuerdo del '99 fortalece la idea que las cosas que no se fotografían son las que más se añoran.
PD: me carga ver tanto wn cámara en mano en los conciertos. Al final terminan preocupados de sacar fotos más que de ver a la banda. “Efectos de la modernidad” diría algún viejo sabio.
La idea de viajar surgió casi de forma innata. La necesidad de salir supongo, de cambiar de paisaje, de fomentar el pensar en cosas que al estar en casa parecen bloqueadas, escondidas, tranquilas. Sin embargo viajar solo no parece una opción, no solo por aquello que cuando estás solo y además lejos estás más solo y eventualmente terminas pensando en cosas que no son precisamente vacaciones. Peor aún, los países vecinos, posibles destinos, tampoco representan el futuro esplendor y terminar al borde de la carretera sin documentos o dinero tampoco es una opción muy lejana. La necesidad de un copiloto se hace inherente al viajar. El problema es que no todo el mundo tiene la necesidad de viajar. El problema es que tanto House y Bourdain me han vuelto más pesado que de costumbre.
Me enredé parece.
Aún así. Comenzaron a surgir fechas, opciones y destinos. Conocidos comenzaron a promocionar sus ciudades y la decisión de viajar parecía cada vez más cercana, pero nada, complicaciones, problemas, cambio de intereses, redestino de fondos adeudados dejaron (aún) todo en bosquejos. Nada como vivir en la incertidumbre. Nada como vivir queriendo salir.

Y es que viajar significa más que simplemente desplazarse, tomar fotografías y preguntar direcciones cada vez que llegas a una ciudad nueva. Seguro no se como describirlo, pero viajar es más que eso, eso al menos lo se. Eso al menos espero volver a sentir, estar fuera, lejos, de viaje, con aquellas precisas almas mellizas que uno suele encontrar de cuando en cuando y que a veces tanto se extrañan.
Todo extraño-por-no-decir-no-tan-bien… pero quejarse es un lujo del optimismo.
Lo que más recuerdo de Buenos Aires, más allá de la Bombonera y un par de cosas que no se pueden contar (y que en realidad son las que más recuerdo), son las cervezas que me tomé en el bar irlandés que quedaba a la vuelta del hotel. Lo que me quedó de Brasil es que extrañamente pareciera no haber casas habitadas y todo el mundo no sólo se veía tranquilo, feliz, enteramente dedicado a ofrecer turismo – si es que llegase a existir tal concepto – sino relajado a más no poder. Las hamburguesas, el cebú cortado con espadas y por supuesto aquel programa imitación Sábado Gigantes que pasaban por las tardes en aquellos televisores gigantes que adornaban cada tienda o restaurante donde uno pasaba. De Asunción, la lluvia con 30 o más grados de calor y el haberse encontrado con – en aquel tiempo seleccionado - Richard Baez en el aeropuerto. De Uruguay, el no haber tomado el ferry en BBAA y habérmelo perdido por completo. De Tacna, como a todos me imagino, me quedan los precios y las compras. De Santiago lo asqueroso que es en cualquier época del año y de Valparaíso la forma en que me cambió la vida durante un par de años.
Son extrañas las cosas que uno recuerda de cada lugar. Se supone que tanta foto tras paisajes, monumentos y catedrales debiesen servir de algo. Sin embargo uno termina recordando aquello que no se puede fotografiar.

En fin.
Ya sin pasaporte y tras un rato ya estancado en la ciudad me decido a salir. Tras una largo monologo nocturno me decido a destinar el dinero a tener un buen mes de vacaciones en desmedro de una semana en Santiago Metallica incluido.
Un par de semanas después sigo en Arica. No me he movido a excepción del wiken playero. Las tardes de pseudo ocio se diluyen con algo de música. All nightmare long es un temazo concluyo. No es novedad ni el descubrimiento del año, solo una acotación. 8 minutos de Metallica. Increíble, pero no agota (ni siquiera en Guitar Hero versión ps3) Pelea el puesto de tema-más-repetidamente-escuchado-durante-el-mes con Creeping Death. Regreso al monologo insensato de semanas atrás. Las decisiones nunca son correctas, solo son decisiones. Uno puede pensar todo el tiempo que sea necesario hasta que llega el momento de actuar. No me arrepiento de no haber ido. No me duele, no mucho al menos. Hace rato sabía que no iba, desde que se cayó lo de Lima. ¿En que país sino en Perú se agotan las entradas a 3 días de ponerse en venta-sin-sistema-de-venta-por-Internet? Claro, la reventa es legal (permitida al menos, no se si legal) y las entradas volaron. Y con ello la idea de cuadrar viaje y banda en un pack inolvidable.

Supongo que conformarse con el recuerdo del '99 fortalece la idea que las cosas que no se fotografían son las que más se añoran.
PD: me carga ver tanto wn cámara en mano en los conciertos. Al final terminan preocupados de sacar fotos más que de ver a la banda. “Efectos de la modernidad” diría algún viejo sabio.
Got a Blank space where my Mind should be.... (ed ved)
La idea de viajar surgió casi de forma innata. La necesidad de salir supongo, de cambiar de paisaje, de fomentar el pensar en cosas que al estar en casa parecen bloqueadas, escondidas, tranquilas. Sin embargo viajar solo no parece una opción, no solo por aquello que cuando estás solo y además lejos estás más solo y eventualmente terminas pensando en cosas que no son precisamente vacaciones. Peor aún, los países vecinos, posibles destinos, tampoco representan el futuro esplendor y terminar al borde de la carretera sin documentos o dinero tampoco es una opción muy lejana. La necesidad de un copiloto se hace inherente al viajar. El problema es que no todo el mundo tiene la necesidad de viajar. El problema es que tanto House y Bourdain me han vuelto más pesado que de costumbre.
Me enredé parece.
Aún así. Comenzaron a surgir fechas, opciones y destinos. Conocidos comenzaron a promocionar sus ciudades y la decisión de viajar parecía cada vez más cercana, pero nada, complicaciones, problemas, cambio de intereses, redestino de fondos adeudados dejaron (aún) todo en bosquejos. Nada como vivir en la incertidumbre. Nada como vivir queriendo salir.

Y es que viajar significa más que simplemente desplazarse, tomar fotografías y preguntar direcciones cada vez que llegas a una ciudad nueva. Seguro no se como describirlo, pero viajar es más que eso, eso al menos lo se. Eso al menos espero volver a sentir, estar fuera, lejos, de viaje, con aquellas precisas almas mellizas que uno suele encontrar de cuando en cuando y que a veces tanto se extrañan.
Todo extraño-por-no-decir-no-tan-bien… pero quejarse es un lujo del optimismo.





